Solo cuando uno visita esta ciudad y observa la visión de la Alhambra con las cumbres de Sierra Nevada al fondo desde las calles del Albayzín, entiende la expresión "tiene duende". La antigua capital nazarí ciertamente ha conseguido capturar aquella esencia que la hizo grande, y que escritores como Washington Irving quedaran prendados de sus calles, palacios y gentes.
Granada es visita obligada para todo viajero que quiera embriagarse del encanto del pasado y lo exótico. Las riquezas de Granada, de las que tanto se escribió, no son materiales, son riquezas que trascienden el mero valor material de los vestigios históricos de los que la ciudad está bien repleto. A la mente solo me vienen las viejas palabras de Francisco de Icaza, cuando dijo "dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena ser ciego en Granada".
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