martes, 18 de noviembre de 2014

Valencia




Comenzamos nuestra ruta  en un monumento declarado de interés Histórico Artístico, las Torres de Serranos. Señalar que aprovechando que junto a las Torres de Serranos existe una parada para autocares, podemos enlazar este paseo a pie con una ruta panorámica previa. Del mismo modo, al finalizar nuestro recorrido, podremos coger de nuevo el autocar en la Plaza del Ayuntamiento.

Las torres reciben su nombre por ser la puerta por la que pasaba el camino real de Zaragoza, y que llevaba directamente a la comarca de Los Serranos, cruzando por el puente del mismo nombre que antecede a las puertas.

El conjunto es de estilo gótico y consta de dos grandes cubos pentagonales con barbacanas almenadas, que flanquean la puerta en arco dovelado de medio punto. Estas fueron construidas entre 1392 y 1398 por el maestro Pere Balaguer, quien se inspiró en la puerta Real del monasterio de Poblet.

En época romana ya existía un acceso en este punto por donde entraban las mercancías a la ciudad, ya que está documentada la existencia de un puerto fluvial situado en esta margen del rio Turia. Esta puerta siempre fue considerada el acceso principal a la ciudad, por lo que además de su carácter defensivo, también se utilizó para ceremonias y entradas oficiales de embajadores y reyes, es por ello que se crearon grandes aberturas concebidas como tribunas para las familias más ilustres de la ciudad, así como la amplia escalinata que da acceso a las plantas superiores.

Tras el incendio de la ciudad en 1586 y hasta 1887, las Torres Serranos, junto a las de Quart, se convirtieron en cárceles para nobles y caballeros, modificando parcialmente su arquitectura para adaptarla a tal fin. Debido a su función, sendas puertas se libraron de su destrucción junto al resto de la muralla, ya que estas puertas junto a las Torres de Quart  y otros restos arqueológicos, son los últimos reductos de la muralla cristiana que circundaba el casco histórico, y que fue desmantelada en el año 1865 para aliviar la comunicación del centro de la ciudad y las zonas extramuros.

Destacar también, que durante la guerra civil española, el edificio fue utilizado como depósito para las obras de arte que se trasladaron desde el Museo del Prado escapando de los bombardeos madrileños.


Dejando atrás la Plaza del Furs, y siguiendo la Calle Serranos, alcanzamos la Plaza de Manises. Como lugar donde confluyen la Calle Serranos y la Calle Caballeros, esta plaza se configuró como el centro cívico con los accesos norte y oeste. La importancia de esta plaza viene dada porque desde época romana hasta el siglo XIX, cuando el ayuntamiento se trasladará a su actual emplazamiento, esta sería el centro administrativo y religioso de la ciudad. Todavía podemos observar dos edificios importantes que destacan por su arquitectura, el Palacio de Jaudenes, y el Palacio de la Generalitat, el cual posee un pequeño jardín en el solar que ocupaba la antigua Casa de la Ciudad, llamado de la Audiencia.


El Palacio de Jáudenes, actual sede de la Diputación Provincial de Valencia, fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1962. Se trata de un edificio palaciego construido sobre la antigua residencia del Bayle General, el magistrado de la administración de Hacienda y Patrimonio del Rey en el Reino de Valencia, de donde recibe el otro nombre por el que se conoce, el de Palacio de la Baylía.
De estilo gótico-renacentista, su construcción se sitúa entre los siglos XV y XVI, y se considera que fue mandado construir por el rey Carlos V. No obstante, el estilo modernista de su fachada corresponde a una intervención del siglo XIX, cuando el industrial valenciano José Jaumandreu y Sitges, adquirió la propiedad y derribó la antigua construcción gótica casi en su totalidad para adaptarla a los gustos de la época. Pocos elementos quedaron de épocas anteriores, los más visibles los cuatro grandes arcos rebajados góticos del patio interior. Este dispone de una escalera neo-gótica de dos tiros que da paso al piso superior y un acceso al jardín de la parte posterior. En la portada principal encontramos el escudo de armas de Jáudenes. En el patio se ha colocado una lápida de época romana-imperial, formada por un bloque de caliza con una inscripción latina, procedente de las excavaciones de L'Olivereta de Benaguacil.


El otro gran palacio que encontramos en la Plaza de Manises, a cuyos pies encontramos la estatua de Francisco Pizarro sobre una columna dórica, es el Palacio de la Generalitat.

Iniciada su construcción a principios del S.XV, la arquitectura de este edificio muestra una compleja mezcla de estilos artísticos que van desde el gótico valenciano hasta el clasicista, incorporando elementos renacentistas de diversas épocas. Así, el primitivo caserón y el patio interior con su escalera volada, al igual que su fachada son de estilo gótico, mientras que en las puertas halconeras, las esquinas y la torre este que fue añadida en el S.XVI (la otra torre se construiría en los años 50 de acorde al estilo predominante), podemos observar un claro estilo renacentista, por otro lado, los ventanales del segundo piso son clasicistas, propios del pleno renacimiento. En el entresuelo del torreón destacamos la llamada sala dorada, por lo llamativo de su rico artesonado policromado y la participación en su pintura de Juan de Juanes, entre otros. El conjunto fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931.

La necesidad de construir este edificio viene determinada por la necesidad de consolidar en el Reino de Valencia la institución que desde mediados del S.XIV se hacía cargo de la gestión y administración de los impuestos de las Cortes a la Corona, ofrecidos por los tres estamentos o generalidades que las componían. De este modo, a principios del S.XV, la precaria situación económica de la Corona de Aragón llevaría  a la consolidación de este tipo de impuestos y, por tanto, a la consolidación de esta institución por Alfonso el Magnánimo bajo el nombre de Diputación del General del Reino de Valencia o Generalitat, que pasaría a ser la institución encargada de administrar los fondos del Reino y ser el organismo que representaba a las Cortes en ausencia de estas, convirtiéndose así en la máxima institución foral de los valencianos. Después de la Guerra de Sucesión a la Corona española y con la abolición de los fueros en 1707 por parte del rey Felipe V de Borbón, el edificio albergaría en 1751 la Real Audiencia Territorial. En 1922 la Audiencia abandona el palacio y los locales son ocupados por la Diputación Provincial creada en 1835 y que provenía del Palacio del Temple. Con la recuperación del régimen foral en 1978, el edificio acoge las instituciones autonómicas valencianas: "las Corts" y "el Consell". En 1984 las Cortes se trasladan al Palacio de Benicarló y el edificio queda para uso exclusivo del "Consell de la Generalitat Valenciana", presidido por el presidente de la Generalitat.


A través de la calle Caballeros, o bien de la Batlía, rodeamos la Generalitat, para encontrarnos con la Plaza de la Virgen y Basílica de la Virgen de los Desamparados en primer plano.


Puerta de los Apóstoles y Tribunal de las Aguas.


Seguimos hacia delante dejando la Catedral a nuestra derecha, y pasamos por debajo del arco que une esta con la Capilla, llegando así a la Plaza de la Almoina (limosna, en catalán) y que recibe su nombre por una institución de carácter benéfico del S.XIV que se encargaba del sustento de los más necesitados de la ciudad. Nos encontramos ante la primera plaza que existió en la ciudad, y en ella destacamos la alberca de cristal ubicada en el suelo y que nos permite ver las excavaciones arqueológicas que hay en el centro de la misma, que han dado lugar a un complejo museístico.

Entre esta plaza y la de la Virgen  se ubicaba el antiguo foro romano de época republicana e imperial, pues en este punto concurrían el cardus (norte-sur), que iría desde el actual puente de la Trinidad, pasando por la calle Salvador, hasta la calle San Vicente, que coincidiría con el trazado de la Vía Augusta, y el decumanus (este-oeste), desde la calle Caballeros hasta la calle del Palau. En los restos arqueológicos encontramos vestigios que van desde la fundación de la ciudad en al año 138 a.C. hasta el siglo S.XIV.

En el Centro Arqueológico de la Almoina, podremos realizar un apasionante viaje por el conjunto de edificios monumentales que alberga el subsuelo de este lugar, que evolucionan desde la primera ciudad romana en época republicana, pasando por la posterior ciudad imperial, por la sede episcopal visigoda o por el alcázar islámico. El yacimiento presenta edificios de época imperial tales como las Termas, el Horreo, el Foro, la Curia, la Basilica, así como los restos de un legionario mutilado del ejército de Sertorio. De época visigoda encontramos tan solo la cripta de San Vicente Martir datada en el S.VI d.C. y ya perteneciente a época islámica, encontramos algunas dependencias de lo que fue el alcázar. Todos estos restos forman un compendio de la historia y la evolución urbana de la ciudad, que comparten en este punto el centro político, cívico y religioso de todas las culturas que aquí se instalaron.


Desde la misma plaza podemos ver el edificio del Almudín, construido sobre el alcázar musulmán en el S. XIV, como lugar de almacenaje y venta de trigo. En origen el edificio tendría unas dimensiones más reducidas, sufriendo varias ampliaciones en siglos posteriores. También se añadiría un porche y un techo en el S.XVII que cubrió el patio central que antes estaba a cielo abierto, dándole el aspecto que hoy tiene. El edificio fue nombrado Monumento Nacional en el año 1969.

Desde 1996, al Almudín funciona como sala de exposiciones, habiendo sido anteriormente sede del Museo Paleontológico. En su patio porticado se han expuesto obras de artistas tales como Eduardo Chillida, Yoko Ono, Ripollés o Salvador Dalí.



 Continuamos la visita en dirección hacia la Plaza de la Reina, acompañados a nuestra derecha del exterior de la Capilla y de la Catedral. En la calle Palau, perpendicular a nuestra trayectoria, nos topamos con el edifico que le da nombre a la calle, el Palacio Episcopal.



Llegados a la Lonja de los Mercaderes o de la Seda, nos encontramos con el otro Patrimonio de la Humanidad junto al Tribunal de las Aguas que tiene la ciudad. La Lonja de Valencia, como obra maestra de la arquitectura civil gótica valenciana, es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Comenzada su construcción a finales del S.XV por el ingeniero y arquitecto valenciano Pere Compte, este edificio representa la prosperidad que tuvo Valencia durante la Baja Edad Media, en lo que se denominó el siglo de oro valenciano. El nombre de Lonja de la Seda proviene del S.XVII, y deriva del hecho de que este era el tejido más potente de la industria valenciana, ya desde el S.XIV, y el que mayor número de transacciones protagonizaba. Similar a como pasaría con la antigua Lonja del Aceite, un edificio abierto tipo loggia italiana, que se hallaba detrás de la actual y que hizo sus funciones con anterioridad a esta.

La necesidad de crear un edificio para este fin nos señala la importancia que adquirió el comercio en esta época, y es que durante el S.XV, Valencia mantuvo relaciones comerciales intensas con Castilla, ciudades francesas e italianas del Mediterráneo y con el norte de África. La ciudad prosperó en lo económico, pero también en lo cultural y artístico.

El edificio contiene una gran variedad temática en su arquitectura y escultura, con un papel predominante de las representaciones heráldicas de la ciudad de Valencia. Destacan también por su simbología las 28 gárgolas góticas que recogen el agua de las cubiertas, que con una alegoría de figuras fantásticas o satíricas, abren diversas interpretaciones sobre su simbología profana.

El conjunto está formado por tres cuerpos, ordenados según su cronología, estos son: el Salón Columnario (1483-1498), el Torreón central (1483-1498), y el Consulado del Mar (1498-1548), todo ello encuadrado en torno a un jardín llamado el Patio de los Naranjos.

Aproximadamente la mitad de su superficie la ocupa el Salón Columnario o Sala de Contratación, el lugar donde se efectuaban los acuerdos comerciales y donde estaba ubicada la Taula de Canvis, antigua banca municipal que soportaba las operaciones comerciales. El salón está compuesto por tres naves longitudinales y cinco transversales, cuyas cúpulas se apoyan sobre veinticuatro columnas helicoidales que se asemejan a amarras de barco o a madejas de seda. La Lonja se concibió como un templo dedicado al comercio, un espacio destinado a la realización de las transacciones mercantiles, donde un simbolismo acentuado nos deja ver una representación del Paraíso a través de sus columnas y cúpulas, que al haber estado antiguamente pintadas de azul con estrellas de pan de oro, nos crea la sensación como si estas fueran palmeras que se abren al llegar al techo dando paso a la bóveda celeste.  Especial mención tiene la cenefa que recorre los muros con letras doradas sobre fondo oscuro, y que recuerda a los mercaderes cuáles son sus deberes: " Probad y ved cuan bueno es el comercio que no usa fraude en la palabra, que jura al prójimo y no falta, que no da su dinero con usura. El mercader que vive de este modo rebosará de riquezas y gozará, por último, de la vida eterna.

Si volvemos la mirada al suelo encontraremos un pavimento realizado en piezas de mármol de color canela, blanco y negro que forman estrellas de seis puntas en los puntos donde se cruzan.

Construida a la misma vez que el salón, encontramos la Torre central, la cual contiene tres plantas. En la planta baja alberga una capilla dedicada a la Virgen de la Misericordia, bajo cuya advocación se agrupaba la cofradía de los sederos locales, mientras que las dos plantas superiores, a las que se accedía a través de una espléndida escalera de caracol, se destinaban a retener a los mercaderes morosos o que hacían uso de prácticas tales como la usura, hasta que se hacían cargo de ellos las correspondientes autoridades.

Añadido posteriormente y accesible desde el Salón Columnario, encontramos el tercer cuerpo del edificio que estaba destinado a albergar el Consulado del Mar, una antigua institución que se ocupaba de los asuntos marítimos y mercantiles, así como de tribunal para comerciantes. Construido con los estilos propios ya del Renacimiento, la planta primera del consulado cuenta con un interesante techo renacentista, mientras que en la planta superior a la que se accede desde el patio, se le llama la Cámara Dorada debido a la ornamentación del techo gótico que siendo rescatado de la antigua Casa de la Ciudad se incluyó aquí en 1926. También de vocación renacentista cabe destacar la galería corrida de arcos y los cuarenta medallones que representando el busto de emperadores romanos y personajes ilustres, están colocados en la parte alta de la fachada.

Las tres partes del edificio se articulan en torno al Patio de los Naranjos, formando así un rectángulo perfecto. El jardín está presidido por una fuente central en forma de estrella de ocho puntas rodeada de cipreses y naranjos, los cuales dan nombre a este patio, al que se accede a través de una puerta de la Sala de Contratación. Alrededor de la fuente hay unos bancos de piedra que invitan al sosiego y el descanso mientras se observa el conjunto arquitectónico. A través de la amplia escalera de piedra que encontramos en el jardín, podemos acceder a la Cámara Dorada. En este patio según Joan Fuster, celebraban las fiestas y ceremonias los reyes de la dinastía de los Austrias cada vez que venían a la ciudad.


Una vez vista la Lonja, salimos de nuevo a la Plaza del Mercado para centrarnos esta vez en el edificio que se ubica justo en frente, la Iglesia de los Santos Juanes. 



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