martes, 18 de noviembre de 2014

Valencia




Comenzamos nuestra ruta  en un monumento declarado de interés Histórico Artístico, las Torres de Serranos. Señalar que aprovechando que junto a las Torres de Serranos existe una parada para autocares, podemos enlazar este paseo a pie con una ruta panorámica previa. Del mismo modo, al finalizar nuestro recorrido, podremos coger de nuevo el autocar en la Plaza del Ayuntamiento.

Las torres reciben su nombre por ser la puerta por la que pasaba el camino real de Zaragoza, y que llevaba directamente a la comarca de Los Serranos, cruzando por el puente del mismo nombre que antecede a las puertas.

El conjunto es de estilo gótico y consta de dos grandes cubos pentagonales con barbacanas almenadas, que flanquean la puerta en arco dovelado de medio punto. Estas fueron construidas entre 1392 y 1398 por el maestro Pere Balaguer, quien se inspiró en la puerta Real del monasterio de Poblet.

En época romana ya existía un acceso en este punto por donde entraban las mercancías a la ciudad, ya que está documentada la existencia de un puerto fluvial situado en esta margen del rio Turia. Esta puerta siempre fue considerada el acceso principal a la ciudad, por lo que además de su carácter defensivo, también se utilizó para ceremonias y entradas oficiales de embajadores y reyes, es por ello que se crearon grandes aberturas concebidas como tribunas para las familias más ilustres de la ciudad, así como la amplia escalinata que da acceso a las plantas superiores.

Tras el incendio de la ciudad en 1586 y hasta 1887, las Torres Serranos, junto a las de Quart, se convirtieron en cárceles para nobles y caballeros, modificando parcialmente su arquitectura para adaptarla a tal fin. Debido a su función, sendas puertas se libraron de su destrucción junto al resto de la muralla, ya que estas puertas junto a las Torres de Quart  y otros restos arqueológicos, son los últimos reductos de la muralla cristiana que circundaba el casco histórico, y que fue desmantelada en el año 1865 para aliviar la comunicación del centro de la ciudad y las zonas extramuros.

Destacar también, que durante la guerra civil española, el edificio fue utilizado como depósito para las obras de arte que se trasladaron desde el Museo del Prado escapando de los bombardeos madrileños.


Dejando atrás la Plaza del Furs, y siguiendo la Calle Serranos, alcanzamos la Plaza de Manises. Como lugar donde confluyen la Calle Serranos y la Calle Caballeros, esta plaza se configuró como el centro cívico con los accesos norte y oeste. La importancia de esta plaza viene dada porque desde época romana hasta el siglo XIX, cuando el ayuntamiento se trasladará a su actual emplazamiento, esta sería el centro administrativo y religioso de la ciudad. Todavía podemos observar dos edificios importantes que destacan por su arquitectura, el Palacio de Jaudenes, y el Palacio de la Generalitat, el cual posee un pequeño jardín en el solar que ocupaba la antigua Casa de la Ciudad, llamado de la Audiencia.


El Palacio de Jáudenes, actual sede de la Diputación Provincial de Valencia, fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1962. Se trata de un edificio palaciego construido sobre la antigua residencia del Bayle General, el magistrado de la administración de Hacienda y Patrimonio del Rey en el Reino de Valencia, de donde recibe el otro nombre por el que se conoce, el de Palacio de la Baylía.
De estilo gótico-renacentista, su construcción se sitúa entre los siglos XV y XVI, y se considera que fue mandado construir por el rey Carlos V. No obstante, el estilo modernista de su fachada corresponde a una intervención del siglo XIX, cuando el industrial valenciano José Jaumandreu y Sitges, adquirió la propiedad y derribó la antigua construcción gótica casi en su totalidad para adaptarla a los gustos de la época. Pocos elementos quedaron de épocas anteriores, los más visibles los cuatro grandes arcos rebajados góticos del patio interior. Este dispone de una escalera neo-gótica de dos tiros que da paso al piso superior y un acceso al jardín de la parte posterior. En la portada principal encontramos el escudo de armas de Jáudenes. En el patio se ha colocado una lápida de época romana-imperial, formada por un bloque de caliza con una inscripción latina, procedente de las excavaciones de L'Olivereta de Benaguacil.


El otro gran palacio que encontramos en la Plaza de Manises, a cuyos pies encontramos la estatua de Francisco Pizarro sobre una columna dórica, es el Palacio de la Generalitat.

Iniciada su construcción a principios del S.XV, la arquitectura de este edificio muestra una compleja mezcla de estilos artísticos que van desde el gótico valenciano hasta el clasicista, incorporando elementos renacentistas de diversas épocas. Así, el primitivo caserón y el patio interior con su escalera volada, al igual que su fachada son de estilo gótico, mientras que en las puertas halconeras, las esquinas y la torre este que fue añadida en el S.XVI (la otra torre se construiría en los años 50 de acorde al estilo predominante), podemos observar un claro estilo renacentista, por otro lado, los ventanales del segundo piso son clasicistas, propios del pleno renacimiento. En el entresuelo del torreón destacamos la llamada sala dorada, por lo llamativo de su rico artesonado policromado y la participación en su pintura de Juan de Juanes, entre otros. El conjunto fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931.

La necesidad de construir este edificio viene determinada por la necesidad de consolidar en el Reino de Valencia la institución que desde mediados del S.XIV se hacía cargo de la gestión y administración de los impuestos de las Cortes a la Corona, ofrecidos por los tres estamentos o generalidades que las componían. De este modo, a principios del S.XV, la precaria situación económica de la Corona de Aragón llevaría  a la consolidación de este tipo de impuestos y, por tanto, a la consolidación de esta institución por Alfonso el Magnánimo bajo el nombre de Diputación del General del Reino de Valencia o Generalitat, que pasaría a ser la institución encargada de administrar los fondos del Reino y ser el organismo que representaba a las Cortes en ausencia de estas, convirtiéndose así en la máxima institución foral de los valencianos. Después de la Guerra de Sucesión a la Corona española y con la abolición de los fueros en 1707 por parte del rey Felipe V de Borbón, el edificio albergaría en 1751 la Real Audiencia Territorial. En 1922 la Audiencia abandona el palacio y los locales son ocupados por la Diputación Provincial creada en 1835 y que provenía del Palacio del Temple. Con la recuperación del régimen foral en 1978, el edificio acoge las instituciones autonómicas valencianas: "las Corts" y "el Consell". En 1984 las Cortes se trasladan al Palacio de Benicarló y el edificio queda para uso exclusivo del "Consell de la Generalitat Valenciana", presidido por el presidente de la Generalitat.


A través de la calle Caballeros, o bien de la Batlía, rodeamos la Generalitat, para encontrarnos con la Plaza de la Virgen y Basílica de la Virgen de los Desamparados en primer plano.


Puerta de los Apóstoles y Tribunal de las Aguas.


Seguimos hacia delante dejando la Catedral a nuestra derecha, y pasamos por debajo del arco que une esta con la Capilla, llegando así a la Plaza de la Almoina (limosna, en catalán) y que recibe su nombre por una institución de carácter benéfico del S.XIV que se encargaba del sustento de los más necesitados de la ciudad. Nos encontramos ante la primera plaza que existió en la ciudad, y en ella destacamos la alberca de cristal ubicada en el suelo y que nos permite ver las excavaciones arqueológicas que hay en el centro de la misma, que han dado lugar a un complejo museístico.

Entre esta plaza y la de la Virgen  se ubicaba el antiguo foro romano de época republicana e imperial, pues en este punto concurrían el cardus (norte-sur), que iría desde el actual puente de la Trinidad, pasando por la calle Salvador, hasta la calle San Vicente, que coincidiría con el trazado de la Vía Augusta, y el decumanus (este-oeste), desde la calle Caballeros hasta la calle del Palau. En los restos arqueológicos encontramos vestigios que van desde la fundación de la ciudad en al año 138 a.C. hasta el siglo S.XIV.

En el Centro Arqueológico de la Almoina, podremos realizar un apasionante viaje por el conjunto de edificios monumentales que alberga el subsuelo de este lugar, que evolucionan desde la primera ciudad romana en época republicana, pasando por la posterior ciudad imperial, por la sede episcopal visigoda o por el alcázar islámico. El yacimiento presenta edificios de época imperial tales como las Termas, el Horreo, el Foro, la Curia, la Basilica, así como los restos de un legionario mutilado del ejército de Sertorio. De época visigoda encontramos tan solo la cripta de San Vicente Martir datada en el S.VI d.C. y ya perteneciente a época islámica, encontramos algunas dependencias de lo que fue el alcázar. Todos estos restos forman un compendio de la historia y la evolución urbana de la ciudad, que comparten en este punto el centro político, cívico y religioso de todas las culturas que aquí se instalaron.


Desde la misma plaza podemos ver el edificio del Almudín, construido sobre el alcázar musulmán en el S. XIV, como lugar de almacenaje y venta de trigo. En origen el edificio tendría unas dimensiones más reducidas, sufriendo varias ampliaciones en siglos posteriores. También se añadiría un porche y un techo en el S.XVII que cubrió el patio central que antes estaba a cielo abierto, dándole el aspecto que hoy tiene. El edificio fue nombrado Monumento Nacional en el año 1969.

Desde 1996, al Almudín funciona como sala de exposiciones, habiendo sido anteriormente sede del Museo Paleontológico. En su patio porticado se han expuesto obras de artistas tales como Eduardo Chillida, Yoko Ono, Ripollés o Salvador Dalí.



 Continuamos la visita en dirección hacia la Plaza de la Reina, acompañados a nuestra derecha del exterior de la Capilla y de la Catedral. En la calle Palau, perpendicular a nuestra trayectoria, nos topamos con el edifico que le da nombre a la calle, el Palacio Episcopal.



Llegados a la Lonja de los Mercaderes o de la Seda, nos encontramos con el otro Patrimonio de la Humanidad junto al Tribunal de las Aguas que tiene la ciudad. La Lonja de Valencia, como obra maestra de la arquitectura civil gótica valenciana, es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Comenzada su construcción a finales del S.XV por el ingeniero y arquitecto valenciano Pere Compte, este edificio representa la prosperidad que tuvo Valencia durante la Baja Edad Media, en lo que se denominó el siglo de oro valenciano. El nombre de Lonja de la Seda proviene del S.XVII, y deriva del hecho de que este era el tejido más potente de la industria valenciana, ya desde el S.XIV, y el que mayor número de transacciones protagonizaba. Similar a como pasaría con la antigua Lonja del Aceite, un edificio abierto tipo loggia italiana, que se hallaba detrás de la actual y que hizo sus funciones con anterioridad a esta.

La necesidad de crear un edificio para este fin nos señala la importancia que adquirió el comercio en esta época, y es que durante el S.XV, Valencia mantuvo relaciones comerciales intensas con Castilla, ciudades francesas e italianas del Mediterráneo y con el norte de África. La ciudad prosperó en lo económico, pero también en lo cultural y artístico.

El edificio contiene una gran variedad temática en su arquitectura y escultura, con un papel predominante de las representaciones heráldicas de la ciudad de Valencia. Destacan también por su simbología las 28 gárgolas góticas que recogen el agua de las cubiertas, que con una alegoría de figuras fantásticas o satíricas, abren diversas interpretaciones sobre su simbología profana.

El conjunto está formado por tres cuerpos, ordenados según su cronología, estos son: el Salón Columnario (1483-1498), el Torreón central (1483-1498), y el Consulado del Mar (1498-1548), todo ello encuadrado en torno a un jardín llamado el Patio de los Naranjos.

Aproximadamente la mitad de su superficie la ocupa el Salón Columnario o Sala de Contratación, el lugar donde se efectuaban los acuerdos comerciales y donde estaba ubicada la Taula de Canvis, antigua banca municipal que soportaba las operaciones comerciales. El salón está compuesto por tres naves longitudinales y cinco transversales, cuyas cúpulas se apoyan sobre veinticuatro columnas helicoidales que se asemejan a amarras de barco o a madejas de seda. La Lonja se concibió como un templo dedicado al comercio, un espacio destinado a la realización de las transacciones mercantiles, donde un simbolismo acentuado nos deja ver una representación del Paraíso a través de sus columnas y cúpulas, que al haber estado antiguamente pintadas de azul con estrellas de pan de oro, nos crea la sensación como si estas fueran palmeras que se abren al llegar al techo dando paso a la bóveda celeste.  Especial mención tiene la cenefa que recorre los muros con letras doradas sobre fondo oscuro, y que recuerda a los mercaderes cuáles son sus deberes: " Probad y ved cuan bueno es el comercio que no usa fraude en la palabra, que jura al prójimo y no falta, que no da su dinero con usura. El mercader que vive de este modo rebosará de riquezas y gozará, por último, de la vida eterna.

Si volvemos la mirada al suelo encontraremos un pavimento realizado en piezas de mármol de color canela, blanco y negro que forman estrellas de seis puntas en los puntos donde se cruzan.

Construida a la misma vez que el salón, encontramos la Torre central, la cual contiene tres plantas. En la planta baja alberga una capilla dedicada a la Virgen de la Misericordia, bajo cuya advocación se agrupaba la cofradía de los sederos locales, mientras que las dos plantas superiores, a las que se accedía a través de una espléndida escalera de caracol, se destinaban a retener a los mercaderes morosos o que hacían uso de prácticas tales como la usura, hasta que se hacían cargo de ellos las correspondientes autoridades.

Añadido posteriormente y accesible desde el Salón Columnario, encontramos el tercer cuerpo del edificio que estaba destinado a albergar el Consulado del Mar, una antigua institución que se ocupaba de los asuntos marítimos y mercantiles, así como de tribunal para comerciantes. Construido con los estilos propios ya del Renacimiento, la planta primera del consulado cuenta con un interesante techo renacentista, mientras que en la planta superior a la que se accede desde el patio, se le llama la Cámara Dorada debido a la ornamentación del techo gótico que siendo rescatado de la antigua Casa de la Ciudad se incluyó aquí en 1926. También de vocación renacentista cabe destacar la galería corrida de arcos y los cuarenta medallones que representando el busto de emperadores romanos y personajes ilustres, están colocados en la parte alta de la fachada.

Las tres partes del edificio se articulan en torno al Patio de los Naranjos, formando así un rectángulo perfecto. El jardín está presidido por una fuente central en forma de estrella de ocho puntas rodeada de cipreses y naranjos, los cuales dan nombre a este patio, al que se accede a través de una puerta de la Sala de Contratación. Alrededor de la fuente hay unos bancos de piedra que invitan al sosiego y el descanso mientras se observa el conjunto arquitectónico. A través de la amplia escalera de piedra que encontramos en el jardín, podemos acceder a la Cámara Dorada. En este patio según Joan Fuster, celebraban las fiestas y ceremonias los reyes de la dinastía de los Austrias cada vez que venían a la ciudad.


Una vez vista la Lonja, salimos de nuevo a la Plaza del Mercado para centrarnos esta vez en el edificio que se ubica justo en frente, la Iglesia de los Santos Juanes. 



Rutas urbanas de la Comunidad Valenciana



Valencia
Vista de las Torres de Serrano

La capital del Túria ha sido siempre un referente en la historia, de la primitiva ciudad que fundaran los romanos allá por el S. II a.C. bajo el nombre "Valentia edetanorum", la ciudad irá pasando por diversas manos tras la caida de Roma. Será con los árabes con quién la ciudad aflore y adquiera mayor relevancia bajo el nombre de "Balansiya", sobretodo durante los primeros Reinos de Taifas. Tras la reconquista, la ciudad se convertirá en la capital del Reino de Valencia, que quedará en posesión de los reyes de Aragón. La ciudad experimentará una nueva época dorada durante el S.XV, que terminará con el descubrimiento de América y el traslado de las principales actividades comerciales al Atlántico. En esta época, el Reino de Valencia, junto al conjunto de la Corona de Aragón se unirán a los territorios de la Corona de Castilla y de León, formando desde entonces una unidad de diversa índole con los reinos peninsulares. Habrá que esperar hasta finales del S.XIX y principios del XX, para ver un nuevo florecimiento de la capital del Túria, arropado por las construcciones modernistas de la época. 

Una ciudad sin lugar a dudas con una basta historia que llena sus calles de cultura. Pasear por esta ciudad nos trasporta a un pasado de riqueza y florecimiento cultural, sus olores y su clima cálido nos embriagarán como si la ciudad viviera en una eterna primavera. Visitar Valencia hoy, es visitar el nexo donde se unen pasado y futuro, un futuro iconizado en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. 


lunes, 8 de abril de 2013

La Granada Cristiana


Ayuntamiento de Granada
Esta ruta parte desde la Plaza del Carmen, donde podemos aprovechar y visitar la Oficina de Turismo que se encuentra en el Ayuntamiento para preparar nuestro itinerario.

Cruzando la calle de los Reyes  Católicos, nos dirigiremos a través de la calle Príncipe hacia la Plaza de Bib-Rambla, cuya traducción vendría a ser "Puerta del Río , ya que en origen la plaza se situaba en la orilla arenosa del río. En su día este espacio fue lugar de celebración de justas, torneos y ferias, para posteriormente, ya en época cristiana ser escenario para la celebración de corridas de toros. Esta plaza también fue protagonista de la quema de la Biblioteca de la Madraza por el Cardenal Cisneros en 1499, una de las mayores quemas de libros de la historia de Europa, ya que la cultura nazarí tenía un amplio comercio del libro. Desde la plaza podremos disfrutar de una buena panorámica de la parte trasera del actual Palacio episcopal con la Catedral en un segundo plano.

Portada de la Catedral
Bordeando el palacio nos encontramos de lleno con la fachada de la Catedral, la cual asemejándose a un arco del triunfo con portadas y lienzos empotrados, presenta una mezcla de estilos entre el gótico, renacentista y barroco. Esto se debe a la sucesión de arquitectos de diversos estilos que se encargarán del proyecto. Fue deseo expreso de la reina Isabel la Católica que se erigiera la Catedral en el lugar donde estuviera la Mezquita Mayor, encargándose inicialmente del proyecto Enrique Egeas, quién concebirá la catedral con un estilo gótico, basándose en la de Toledo. Su planteamiento no gusto demasiado al clero, por lo que sería sustituido por Diego de Siloé en el año 1528, quién le dará una estética renacentista a la obra. Ya en el siglo XVII, Alonso Cano aportará los toques barrocos que presenta el templo catedralicio. 

En su conjunto, el templo es una de las obras cumbres del Renacimiento español, aunque el proyecto era más ambicioso todavía, ya que estaban proyectadas dos torres de ochenta metros de altura, pero la muerte Alonso Cano en 1667, junto a algunos problemas de financiación, llevaron a la paralización de las obras en 1684 quedando la Catedral con tan solo una torre de cincuenta y siete metros de altura y solo tres cuerpos de los seis previstos.

Una vez admirada la fachada de la Catedral, subimos las escaleras y continuamos a mano derecha donde haremos un inciso en la Iglesia del Sagrario, construida en 1706 por Francisco de Hurtado Izquierdo y respetando el estilo renacentista del resto del conjunto,.

En frente de la Iglesia reparamos en la portada trazada por Juan de Marquina del Palacio episcopal. Curia eclesiástica desde 1769, este edificio fue la antigua Universidad y Colegio Imperial de Santa Cruz de la Fe levantado junto al Palacio arzobispal en época de Carlos V, quién tras una visita a la ciudad en 1526 decide dotarla de nuevo de estudios universitarios, ya que desde 1499 con el asalto a la Madraza por parte de Cisneros, la ciudad se había visto privada de su universidad.

Sin más dilación, nos dirigimos hacia la Lonja de Mercaderes y su edificio colindante, la Capilla Real

El acceso a la capilla se hace a través de la que fuera la Lonja de Mercaderes, un punto de encuentro entre comerciantes y financieros de la ciudad. De estilo plateresco, la lonja fue construida a principios del XVI por Juan García de Pradas, aunque inicialmente el proyecto estaba a cargo de Enrique Egas. Seria este último quién edificara entre 1505 y 1521 la Capilla que encargaran los Reyes Católicos con objeto de hacer un mausoleo donde se enterrasen los reyes futuros. Sin embargo,  Fernando e Isabel murieron antes de que la obra estuviese terminada, siendo enterrados en el Monasterio de San Francisco en la Alhambra (actual Parador de Granada), hasta que su nieto, Carlos V, los instalase en la Capilla junto a las tumbas de Felipe el Hermoso y Juana la Loca.

A la salida, nos dirigiremos hacia las escaleras que dan a la Gran vía para adentrarnos en la Catedral, no sin antes detenernos en la antigua Madraza musulmana. Inaugurada en 1349 por el rey Yusuf I, en ella se impartían clases de Derecho, Medicina y Matemáticas, siendo la primera universidad de Granada. La madraza se encontraba en una zona privilegiada, junto a la Mezquita mayor y la Alcaicería, que situada a espaldas de la Madraza conforman, junto con el Corral del Carbón, la herencia árabe del centro de la ciudad. Según Antonio Almagro Cárdenas, entre los poemas que decoraban la escuela musulmana, podía leerse: 
"Si en tu espiritu hace asiento el deseo del estudio y de huir de las sombras de la ignorancia, hallarás en ella el hermosos árbol del honor. Hace el estudio brillar como estrellas a los grandes, y a los que no lo son los eleva a igual lucimiento."
Dejando la madraza atrás, nos adentramos en el interior de la Catedral a través de su Sacristía para maravillarnos con la arquitectura renacentista sobre los cimientos góticos de sus cinco naves y su deambulatorio. Tras reparar en su capilla mayor compuesta por columnas corintias, y en el resto de capillas dispuestas alrededor de la nave, salimos al exterior por la puerta del Ecce Homo o Puerta del Colegio, pues aquí estuvo el antiguo colegio eclesiástico fundado por el primer arzobispo de Granada y que fue derruido con la construcción de la Gran Vía.

Puerta del Perdón
Una vez ya en el pasaje Diego de Siloé, continuamos rodeando el exterior de la Catedral hasta llegar a la Puerta del Perdón, la más imponente de las puertas laterales del templo cristiano. Labrada en piedra franca y de estilo plateresco, esta puerta abre al crucero principal de la catedral, quedando en el lado opuesto la puerta gótica que da entrada a la Capilla Real.

Compuesta de cuatro cuerpos, esta portada representa perfectamente la transición entre el gótico de finales del siglo XV y el Renacimiento español de principios del XVI. En el primer cuerpo de la misma, flanqueando la entrada, podremos admirar los escudos de Carlos V y el de los Reyes Católicos. Destacar las figuras de la virtud teologal de la fe, representada con un cáliz, y de la justicia cardinal, que porta una espada en vez de la tradicional balanza,  situadas sobre el arco de la puerta.

Siguiendo la calle San Jerónimo, desembocaremos en la Plaza de la Universidad, donde nos encontramos con la Iglesia de los Santos Justo y Pastor la actual facultad de Derecho. El conjunto fue antiguo Colegio de la Compañía de Jesús, orden religiosa que se estableció en Granada en el siglo XVI y que permaneció en este lugar hasta el año 1767, fecha en la cual serían expulsados de todas sus propiedades y haciendas, trasladándose a este emplazamiento la Universidad y el Colegio Imperial que estaba hasta entonces frente a la Catedral.

La Iglesia empezó a construirse por arquitectos y maestros canteros jesuitas en 1575, haciendo de ella una de las iglesias más suntuosas de Granada. Para su construcción fue necesario derruir una puerta que se encontraba en este lugar a la que los árabes llamaban de "Bibarrachán" y los cristianos posteriormente la llamarían de "San Jerónimo". Destacan las dos portadas barrocas que se abren a la Plaza de la Universidad. La portada principal fue trazada por el sacerdote cordobés Alonso Castillo y construida hacía 1740 por el jesuita Padre Francisco Gómez. En ella podemos distinguir dos cuerpos, el primero de columnas corintias con un arco de medio punto labrado, en cuya clave encontramos el escudo de la Compañía de Jesús; mientras que el segundo, también flanqueado por columnillas contiene un gran relieve en su frontón partido, que representa la Conversión de San Pablo.

Señalar que en su parte trasera, la facultad linda con el jardín botánico, que aunque no ha sido incluido en el itinerario, puede ser perfectamente visitado por aquellos interesados.

Siguiendo la calle de San Jerónimo, pasaremos frente a lo que hoy es el actual Conservatorio Superior de Música, un palacio que data del siglo XVI que perteneció a los Marqueses de Caicedo, y que ha sido sede de otras instituciones como el Instituto de Enseñanza Media de Granada y la antigua Facultad de Farmacia.

Al final de la calle, haciendo esquina con Juan de Dios, se ubica el Santuario del Perpetuo Socorro, a la que está consagrada desde el 12 de diciembre de 1913, ya que en su origen estuvo dedicada a la Virgen de los Dolores. El templo, que desde el principio fue núcleo fundamental para la actividad evangelizadora de las Misiones, empezó a construirse junto al convento previo bajo la dirección de Melchor de Aguirre en 1695, maestro mayor de la Catedral, que murió antes de que finalizaran las obras. Más tarde, con la desamortización de Mendizábal en 1836, el convento se cerró y los Religiosos Filipenses fueron expulsados, la Iglesia y el convento serán utilizados posteriormente como almacén de materiales y como escuela de Bellas Artes, deteriorándose de tal manera que perderá parte de sus elementos originales, incluidas las dos torres que, siendo demolidas en el siglo XIX, coronaban el edificio. En 1912, la comunidad redentorista volverá adquirir la Iglesia para fines religiosos.


Claustro del Hospital de San Juan de Dios
En frente nos encontramos con el Hospital de San Juan de Dios, construido por la Orden Hospitalaria hacia 1544 en unos terrenos cedidos por los monjes jerónimos. Durante siglos, el Hospital se dedicó a dar cobijo a pobres y enfermos de la ciudad, además de realizar labores formativas para centenares de hermanos hospitalarios. Los sanjuanistas serían como muchas otras ordenes religiosas, expulsados en 1836 con la desamortización, y no pudieron recuperar el hospital hasta el año 2007, cuando la Orden y la Diputación Provincial firmaron un Convenio por la tramitación del Hospital. Del conjunto podemos destacar sus dos claustros de 30 y 25 columnas respectivamente, ambos con una fuente y el escudo de la Orden en el centro.

Adyacente al Hospital, visitamos la Basílica de San Juan de Dios. Mandada levantar en el siglo XVIII por Fray Alonso de Jesús y Ortega, la basílica supone una autentica joya del arte barroco. En su interior podemos deleitarnos con magníficos murales y retablos, en especial el del altar mayor, donde descasan los restos de San Juan de Dios dentro de una urna de plata.

Nuestra siguiente parada será el Monasterio de San Jerónimo, al que llegaremos siguiendo la Calle Rector López Argueta. La fundación del monasterio se debe a los Reyes Católicos, comenzando a construirse el conjunto en 1504 en su ubicación actual, en el nuevo barrio aristocrático que se había creado tras la conquista de Granada y el establecimiento de la corte en la ciudad, llamado barrio de la Duquesa, haciendo alusión a la duquesa de Sessa, esposa del Gran Capitán, quienes instalaron su palacio en las cercanías del monasterio. 

El monasterio presenta dos claustros ajardinados, concentrando el primero una decoración puramente renacentista, y destacado el segundo por haber sido residencia de Isabel de Portugal en su viaje de bodas tras su enlace con Carlos V, y que está habitado actualmente por la comunidad de monjas jerónimas.
Iglesia del Monasterio de San Jerónimo

La iglesia por su parte, comenzó a edificarse en 1513 bajo las órdenes de Jacobo Florentino, quién fue sustituido por Diego de Siloé a su muerte. Una vez terminada la capilla mayor de la iglesia en 1522, los cuerpos de Doña María Manrique y Don Gonzalo Fernández de Córdoba fueron trasladados desde la Casa Grande del Convento de San Francisco hasta el crucero, donde permanecen hoy enterrados junto a toda una iconografía que resalta las hazañas del Gran Capitán.

La posterior expulsión de los monjes jerónimos unido a la invasión napoleónica llevaron al práctico abandono del conjunto religioso, cuya restauración comenzará ya en el siglo XX, destacando la reconstrucción de la esbelta torre de la iglesia en 1989, que los franceses derruyeron durante su ocupación para la construcción del Puente Verde sobre el río Genil. 

Tras la visita del monasterio y su iglesia, saldremos hacia la calle Gran Capitán por la puerta lateral que se abre paralela  al exterior de la iglesia, donde se podrán observar los detalles que presenta. Retomando la calle San Juan de Dios, llegaremos hasta el final de la misma, donde se abrirá ante nuestros ojos los Jardines del Triunfo, donde podremos descansar y reponer fuerzas de cara a orientar la etapa final de nuestro itinerario.

Mientras tanto, podemos recrearnos en la idea de que estos jardines fueron en época árabe un amplio cementerio amurallado del siglo XIII adyacente al Albayzín, que ya en el siglo XVI con el aumento de población y edificaciones cristianas, vio reducido su espacio considerablemente. El descampado, que fue lugar de celebración de diversas fiestas populares, así como de ejecuciones públicas durante el siglo XIX, sería finalmente transformado en 1856 en un parque con jardines y fuentes, cuya fisonomía quedaría finalmente modificada con la apertura de la Gran Vía de Colón y la construcción de la Escuela Normal de Maestros, actual Delegación Provincial de Educación, construida por el arquitecto Antonio Flores.

Repuestos del paseo, reanudamos la marcha hacia el Hospital Real. Ubicado en las proximidades de los jardines del Triunfo, el hospital es hoy la sede del rectorado y la biblioteca de la Universidad de Granada. Su construcción se debe a las carencias sanitarias que tenía la ciudad de Granada tras la conquista cristiana, lo que llevó a los Reyes Católicos a fundar un hospital extramuros donde tratar a los enfermos y dar asilo a los pobres. 

Se construyó sobre un antiguo osario musulmán del antiguo cementerio cercano a la Puerta de Elvira, y aunque se comenzó a construir en 1511, la obra se verá interrumpida por la muerte del rey Fernando el Católico, reanudándola Carlos V en 1522. Será tres años después cuando el conjunto comience a funcionar como hospital.

Tras la Desamortización de Mendizabal, el Hospital pasa a depender de la Diputación Provincial, estableciéndose en él la Casa de dementes y el Asilo de ancianos. Cuando el hospital fue comprado por el Ministerio de Educación en 1961, su estado de conservación era pésimo, por lo que se llevaron a cabo numerosos trabajos de restauración. Finalmente, la Universidad propuso albergar la Biblioteca Universitaria en el edificio, dándole un uso práctico y garantizando la buena conservación del que fuera Hospital Real.

Una vez visitados sus dos patios, el de los Mármoles y el de la Capilla, nos dirigimos hacía la Gran Vía de Colón

Construida en 1895 debido a las necesidades de crear una arteria principal en el trazado medieval de la ciudad, su creación supuso la desaparición de numerosos edificios de gran interés cultural que se ubicaban en su trazado. No obstante, los edificios de esta avenida guardan la estética historicista, ecléctica y pseudomodernista de fines del XIX y principios del XX, destacando edificios tales como del Instituto Padre Suárez, la Escuela de Andrés Majón, el antiguo Hotel Colón, o la Iglesia del Sagrado Corazón,  el Banco de España y cerrando la calle, ya en la Plaza de Isabel la Católica, el edificio del Banco Santander, a cuyos pies encontramos la escultura en bronce del escultor Mariano Benilliure, que representa a la reina Isabel aceptando las proposiciones de Cristobal Colón.

Corral del Carbón

La Gran Vía podemos recorrerla andando, o si se prefiere se puede coger uno de los muchos autobuses que transitan esta vía de principio a fin. En cualquier caso, una vez arribados a la Plaza de Isabel la Católica, nos dirigiremos por la calle Reyes Católicos hacía el Corral del Carbón, antigua alhóndiga musulmana llamada Gigida.

Construida a comienzos del siglo XIV, este edificio se usaba como almacén de mercancías y albergue de mercaderes. Ya en época cristiana se utilizará como hospedaje de carboneros, de los que recibe su nombre, siendo después corral de comedias y finalmente casa vecinal.

El edificio de planta cuadrangular, con un pabellón de entrada con un arco de herradura con cúpula de mocárabes y tres pisos de altura, es el único edificio de este tipo que se ha conservado íntegramente en España, lo que le otorga especial relevancia.

Alcaicería

Una vez deleitados con el centro de Granada y su arquitectura cristiana, podemos adentrarnos por las estrechas calles de su Alcaicería y disfrutar del ambiente comercial que encontraremos en cada una de sus tiendas. En el antiguo zoco de la ciudad, situado en las inmediaciones de la que fue Mezquita Mayor, podremos adquirir artículos propios del mundo musulmán, donde el olor a incienso y su ambiente populoso nos transportará en ocasiones al otro lado del Mediterráneo.

El itinerario finaliza de nuevo en la Plaza del Carmen, lugar ideal para comenzar una nueva ruta, esta vez gastronómica, por la calle Navas. Después del paseo llevado a cabo por las calles de Granada, la degustación de las típicas tapas granadinas pueden ser la mejor opción para los exhaustos viajeros. Disfruten.